19 años despues


    Historia de Catrina Lowe

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    Catrina
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    Historia de Catrina Lowe

    Mensaje por Catrina el Lun Nov 09, 2009 12:33 am

    Nombre: Catrina Lowe

    Edad: 15 años

    Cumpleaños: Lo celebra el 31 de diciembre, porque fue el día que su padre la adoptó.

    País: Escocia

    Sangre: Mestiza

    Mascota: Tendrá (tarde o temprano) un gatito llamado Tim, cría de su mascota Louie.

    Descripción física y personalidad del personaje:

    Físico: Catrina no es demasiado alta, mide más o menos 1’65, y es más bien delgadita. No tiene la piel muy clara ni muy oscura, pero tiene una pequeña quemadura en el brazo derecho y una cicatriz en la nuca que se las hizo en el incendio en que murieron sus padres. Tiene los dedos largos y finos, y unas manos bastante bonitas. Ojos color miel y pelo ondulado de color anaranjado, largo por la espalda. Tiene un tatuaje en la parte baja del vientre que reza “Semper fidelis”, el símbolo de la República en el tobillo derecho y el collar de Arwen tras la oreja izquierda, además de varios pendientes en las orejas.

    Personalidad: Es una chica generalmente calmada, tranquila y bastante extravagante. Cuando está muy concentrada en algo su mente tiende a aislarse y no presta atención en absoluto a nada de lo que la rodea. Es muy inteligente y ágil de mente, y coge las cosas al vuelo, pero no le gusta involucrarse en ningún tipo de conflicto, pelea o turbulencia; prefiere la calma ante todo. Es muy amiga de sus amigos, y siempre tiene un trato cordial con todo el mundo, si bien cuando alguien le falta al respeto a ella o a algún conocido hace uso de su lengua viperina, que la tiene bien cargada gracias a su padre. Siempre dice lo que piensa y es muy sincera. Si tiene que llamar a alguien idiota lo hace sin morderse la lengua.

    Su personalidad solamente cambia cuando bebe o come demasiado azúcar, transformándose por culpa de lo primero en una persona violenta y por culpa de lo segundo en una hiperactiva.

    Es bastante friki en todos los sentidos de la palabra y en todos los géneros y niveles, y es bastante hábil con el ordenador y los videojuegos. En las cosas de la casa es un poco desastrosa: no sabe cocinar, planchar ni coser, y tampoco se molesta en aprender, siendo bastante pasota en este ámbito. Se le dan bastante mal los deportes excepto la gimnasia, que la practicaba de pequeña.

    Sentimentalmente hablando es muy ingenua cuando se trata de sí misma; no es que se le hayan declarado muchas veces en su vida, pero nunca ha sentido nada especial por nadie. Se da cuenta de cuando los demás sienten algo entre ellos pero no de cuando ella lo siente o de cuando alguien lo siente por ella. Es heterosexual y muy tolerante con los homosexuales.

    Le tiene fobia al fuego, sin embargo no le molesta ningún tipo de bicho ni ser vivo, de hecho, es bastante amante de la naturaleza.

    Siente una debilidad terrible por los animales de peluche.

    Historia del personaje:

    Red Cross Mountain


    Lo primero que sintió al despertar fue que algo le estaba atravesando su pequeño cuello, desde la nuca hasta la garganta. Un pinchazo muy intenso que juraba no haber notado nunca antes. Después percibió olor a quemado por todas partes, a pesar de que el sitio estaba intacto. No había fuego ni llamas, y sin embargo ahí estaba ese aroma, tan fuerte y tan apabullante, presente bajo su nariz. Tosió un poco, llamando la atención de dos adultos que hablaban cerca de su cama, que corrieron hacia ella como una exhalación.

    -¡Está despierta!

    -Es un milagro. Con la contusión que sufrió en la cabeza y la herida del cuello pensé que tardaría otra semana más en despertar.

    Sus ojos estaban acuosos y le escocían, como si hubiese un humo permanente en torno a ellos. Quiso frotárselos, pero se dio cuenta de que no sabía cómo hacerlo, lo cual la asustó, sin saber muy bien el porqué. Simplemente tenía la noción de que debía saber frotarse los ojos, pero su mente no le respondía. Giró la cabeza en varias direcciones, observando como el señor que había hablado en segundo lugar, que se había quitado la chaqueta y arremangado las mangas, comenzaba a tocarle tras la cabeza, en el lugar que le dolía tanto.

    -¡Ah!- fue lo único que pudo emitir.

    Entre los dos, al ver que no podía levantarse sola, la sentaron en la cama y le subieron el extraño atuendo que llevaba. Sus ojos seguían vagando por toda la habitación. Tenía las paredes de piedra, algunas ventanas al fondo por las que entraba una luz muy leve, y había muchas camas por todas partes. De metal, con sábanas blancas y perfectamente hechas.

    -Su cuerpo está bien. No ha sufrido ningún otro daño- le miró dentro del oído con un extraño aparato; también le observó la lengua, le comprobó las capacidades motoras y que las pupilas reaccionasen- Está perfectamente- sonrió- Dime, pequeña, ¿cómo te llamas?

    Fue a responder, pero se dio cuenta, entonces de que no recordaba su nombre. Ni tampoco sabía hacer lo que hacían esos hombres, que era emitir sonidos por la boca. Parpadeó un par de veces y ladeó la cabeza, y ambos se la quedaron mirando, completamente extrañados.

    -¿No sabes hablar?

    Negó con la cabeza. Conocía el concepto “hablar”, pero ignoraba cómo se hacía.

    -Bueno, te doy un papel y me escribes tu nombre.

    Volvió a negar.

    -¿No sabes escribir?

    Negativa.

    El hombre que la había examinado palideció un poco y la cogió por debajo de los brazos con cuidado, posándola en el suelo. Su equilibrio era menos que precario, y en cuanto hizo ademán de soltarla, se tambaleó peligrosamente. Si no la hubiesen sujetado en ese momento, se habría estrellado contra el suelo.

    -Doctor, ¿qué le sucede?

    -Creo que tiene amnesia.

    -¿Amnesia?

    -Sí. Pero una amnesia traumática. Ha olvidado cómo realizar las funciones motoras más básicas- sus ojos mostraban una tristeza tal que sintió pena por aquel señor, y estiró los brazos, buscando rozar su rostro para consolarlo de alguna manera. El médico sonrió con ternura y se sentó a su lado, acariciándole la cabeza- ¿Recuerdas tu nombre?

    ¿Nombre? ¿Qué era eso? Volvió a negar.

    -Ni siquiera recuerda eso…

    -No. Y dudo que la recupere durante algún tiempo. Es un proceso lento. ¿No encontraron nada junto a ella?

    -Traía algunos objetos personales. Un oso de peluche, una pulsera, un colgante… Quizás el colgante…

    El otro hombre, que era alto, rubio, de ojos verdes y barba poblada, se acercó al primer cajón de la mesita de noche que, en ese momento se percató, había junto a su cama, y sacó una pequeña cadena de plata con un óvalo en el que había escrito algo. Se lo pasó al médico, más joven, de pelo oscuro y ojos azules, que lo contempló, sonriente, y se lo puso al cuello con delicadeza.

    -¿Está bien que haga eso? La herida…

    -Está debajo de la venda. Quíteselo cada vez que toque curarla- volvió a acariciarle el pelo- Escúchame, pequeña. Tu nombre es Catrina. ¿Entendiste?

    Asintió con la cabeza.

    -Por lo menos nos comprende.

    -Pues sí, es todo un alivio. Escuche, será difícil hacerse cargo de ella. Necesita muchos cuidados y mucha atención. Yo me pasaré por aquí dos o tres veces por semana para seguir su evolución, pero debe de estar muy cuidada y atendida. Deberá…

    El resto de la conversación pasó desapercibida a los oídos de Catrina. Sentada en la cama, junto a aquel amable médico, ella contemplaba una hoja verde que se colaba por la ventana que estaba a varios metros de ella. Su descenso era en espiral, aburrido y lento. La pequeña abrió un poco la boca y sopló, y la hoja ascendió unos metros antes de volver a colarse por la ventana y desaparecer al otro lado.

    La niña sonrió, consciente de que nadie la había visto, y algo en su interior le dijo que ella, y sólo ella, en aquel lugar, podía hacer eso.


    Continuará...

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